Barbie en las 12 Princesas Bailarinas (2006)

 

Un bondadoso rey de un lugar muy lejano, vive feliz en compañía de sus 12 hermosas hijas, todas ellas unas gentiles doncellas con sueños e ilusiones y unidas por una gran pasión: el baile. Sus nombres son: Ashlyn, Blair, Delia, Edeline, Fallon, Genevieve, Hadley, Isla, Janessa, Kathleen, Lacey y Courtney.

Las doce princesas son muy desordenadas y ruidosas, sin embargo una de ellas, Genevieve, es un poco más tranquila a todas y más cariñosa con su padre. Ella es quien ayuda a poner un poco de orden cuando sus hermanas no hacen caso a nadie y prefieren bailar y bailar.

Y es precisamente sobre el mundo de la música y el baile, que esta historia se gesta, para enseñarnos que no hay poder que pueda derrumbar nuestros sueños y al unir fuerzas, habremos de lograr lo que nos propongamos.

Nuestra hermosa protagonista, Genevieve vive enamorada de un humilde joven, de oficio zapatero y de nombre Derek, que constantemente acude al palacio a entregarles pares de zapatos a las 12 princesas; Derek también ama en secreto a Genevieve y le elabora los zapatos más hermosos; sin embargo ninguno de los dos se atreve a confesar su amor pues temen al rechazo del otro.

El rey, preocupado por el comportamiento tan desordenado de sus hijas, y al haber enviudado y no tener el apoyo de una reina, decide pedirle ayuda a su prima la Duquesa Rowena para que le ayude a educar a las princesas. La duquesa acepta y acude al castillo pero no con muy buenas intenciones.

Rowena ve en ésta, una verdadera oportunidad para convertirse en reina si loga deshacerse de su primo y doblegar a las princesas a su voluntad y conveniencia; entonces decide llevar a cabo un plan que consiste en envenenar al rey y hacer la vida imposible a las doncellas, impidiéndoles cantar y bailar con el pretexto que deben tener disciplina.



Poco a poco el rey va cayendo enfermo, y las princesas, dentro de su gran tristeza, encuentran un poco de consuelo al contarse entre ellas, la historia favorita de su madre ya fallecida. Esta historia que la reina les contaba, hablaba de un reino mágico donde las flores doradas podían cumplir deseos y las princesas podían bailar en un pabellón encantado durante tres noches.

Genevive se da cuenta esa historia no es otra cosa más que ¡pistas para entrar en el reino mágico, que se encuentra justo dentro de su propio dormitorio! y bailando sobre unas piedras específicas en el suelo lograr abrir una puerta escondida y junto con sus hermanas ¡logran entrar a un mundo mágico y bailar en él todo el tiempo que deseen!

Al día siguiente, los zapatos de baile de las doce princesas están desgastados y la duquesa no sabe el motivo, por lo que enfurece al darse cuenta que están desobedeciendo la órdenes que ella ha dado; es entonces cuando decide que esa noche habrá de vigilar sus actos y descubrir ¿qué es lo que hacen las hermanas por la noche?

Pues bien, Derek, visita esa noche el castillo y al no encontrar a las princesas acude al dormitorio de éstas, realizando el baile que siempre hacía Genevive ¡mágicamente logra entrar al mundo donde las están las 12 doncellas! Rowena, quien ha mantenido vigilada la estancia, usa esa información para también entrar en el reino mágico, y roba algunas de las flores que conceden deseos.

Rowena regresa al castillo y destruye la puerta de entrada al reino mágico creyendo que por fin ha podido liberarse de las 12 princesas bailarinas; es entonces cuando pide ser reina y le es concedido.

Mientras tanto Genevive y sus hermas descubren que pueden salir del cautiverio si ella y Dereck bailan juntos; así lo hacen y todos salen por una puerta escondida, de la que nadie conocía; al salir enfrentan a Rowena y con las flores de oro la hechizan para para que baile por siempre y salga del castillo.

Al deshacerse de la malvada mujer, rápidamente entregan a su padre, quien yace moribundo, un elíxir curativo y es recobrada su salud.

Finalmente el amor de Genevive y Dereck triunfa y celebran una gran boda, para ser felices por siempre.